Negro sobre naranja, rojo y amarillo.

Negro sobre naranja, rojo y amarillo.  
Tintas. 


Todo empezó con la dominación del fuego
la invención de la lumbre, hogar,
la humillación de la llama
reconvertida en calor de centenares
de miles de tantísimos inviernos,
cuando nos domesticamos a nosotros mismos.
Siguió el deambular errático
como gota de aceite que se expande,
y se extingue y tiene miedo,
hasta ocupar todos los continentes,
no una, sino varias especies que se hibridaran
llegando a ser humanas, el humano género.
Llegamos a desarraigar los bosques,
arrasar las praderas hasta un solo cultivo,
infectar los mares creídos irrellenables,
gasear los aires con venenos.
Hemos sido capaces de ceder a la avaricia,
disminuir aceleradamente la diversidad de lo vivo,
alterar climas y ciclos de ritmo lento,
inducir mayores inequidades, amagar lo colectivo,
fundir glaciares, espantar las ballenas
que se suicidan varándose en las playas
de arenas multicolores, cromo, cadmio, alquitranes,
huyendo del ruido, ya no hay océanos de silencio.
Olvidamos que todo vuelve en ciclos largos
o cortos: hay mercurio en la pesca, en los crustáceos,
hasta en la sal marina hay plástico,
y los pesticidas contaminan hasta la grasa de los osos polares.
Mamamos ddt con la leche materna,
vahos radiactivos ubicuos arruinarán lugares, provocarán tumores
abrasarán las terminaciones nerviosas.
Se acerca el fin del mundo tal como es conocido
cuando deje de funcionar lo más básico, el agua, la energía.
Hemos construido un mundo frágil. Y habrá, de nuevo
que aprender a encender sueños sin fósforos
Se agotan los recursos. Se agota la paciencia.
Imaginad otros entornos. Otros colores para ocasos y amaneceres
Ya llega el día. Estad alerta




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